Cuando aprendiste a atrapar una pelota, nadie te explicó trayectorias ni ecuaciones de gravitación. Te dijeron que no quitaras los ojos de ella, que tuvieras las manos listas, y te la lanzaron. Tu cerebro hizo el resto con una heurística, la «heurística de la mirada»: fijas la vista y el cuerpo se alinea con la trayectoria.

Drawk Kwast usa este ejemplo para hablar de las mujeres: muchos hombres creen que se aprende investigando, y no funciona. En otros deportes puedes practicar solo, sin riesgo de perder. Aquí no: hay que jugar el juego, como novato, y fallar lo suficiente.

El ciclo que te atora

La falacia de las líneas para abrir es la misma: no importa lo que dices, sino qué tan cómodo y juguetón eres al decirlo. Su propuesta es una proporción de al menos cuatro horas de práctica por cada hora de lectura.

Y la pregunta final del autor: ¿cuánto tiempo te tomó leer este artículo?

Este artículo se basa en el documento original: Aprendiendo a atrapar a una… mujer