La autoestima se ha convertido en un concepto central en la vida de las personas: aumenta con los éxitos y disminuye con los fracasos. Se define como "el juicio que realiza cada ser humano de sus propias actitudes, sentimientos, capacidades y conocimientos -la valoración de uno mismo". El concepto se forma en los seres humanos a partir de los cinco años de edad, moldeado por cómo somos tratados por familia, maestros y amigos.

Un alto nivel de autoestima permite relaciones más funcionales y saludables, confianza en las propias habilidades y asertividad. Una baja autoestima, en cambio, nace en la infancia cuando se cuestionan constantemente las habilidades de una persona o se le compara con otros -produce incapacidad para expresar sentimientos, falta de planeación de vida y descuido del propio cuerpo.

La baja autoestima está relacionada con distorsiones del pensamiento: la hipergeneralización ("fracasé una vez, siempre fracasaré"), el pensamiento polarizado (todo o nada, blanco o negro), la personalización (suponer que todo tiene que ver con uno mismo) y la lectura del pensamiento (asumir sin evidencia que los demás piensan mal de nosotros). Reconocerlas es el primer paso para discutirlas activamente y sustituirlas por alternativas más realistas.

Aceptar los propios límites junto con las propias capacidades -sin esconder ninguno de los dos- es la base para una autoestima sólida. Un ejercicio simple: escribe una lista de tus cualidades y otra de tus logros, por pequeños que parezcan. Atender lo que se tiene, aunque sea en pequeña medida, facilita desarrollarlo.

Artículo completo, con la guía práctica de lenguaje, errores y frases de aliento: chazaro.com/docs/posted/la-autoestima.php