Hay conversaciones que parecen no acabar nunca y no se sienten forzadas. Jon King sostiene que lo que más se puede mejorar es la «vibra»: saber qué preguntar, cuándo, y cómo compartir tu propia personalidad y experiencias al hacerlo.

Compartir la carga

Las preguntas solas no bastan; no es una sesión de preguntas y respuestas. Lo que las vuelve interesantes son sus respuestas, las tuyas a las suyas, las historias que decides contar y los temas a los que te llevan. Para investigar mejor una respuesta, los seguimientos naturales son: ¿por qué?, ¿qué piensas de eso?, ¿cómo te hace sentir?, ¿qué te gusta o disgusta?, ¿qué cambiarías?

El ejercicio

Copia las preguntas, escribe tus propias respuestas e historias y piensa cómo se conectan. La próxima vez que salga el tema tendrás mucho más que decir. Como el sauce que se mece con el viento sin soltar sus raíces, puedes adaptarte sin perder tu integridad.

El marco

El documento reúne temas sueltos: logística, metas, prioridades, amistades, personalidad, filosofía, día a día, fiesta, comida, deportes, música, moda, familia, mascotas, infancia, fe, viajes, romance, besos y sexo. Incluye preguntas sobre sexualidad, por lo que es un documento para mayores de 18 años.

Este artículo se basa en el documento original: Marco de la conversación