«No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones», dice Jorge Bucay, y con esa frase abre el documento.
«Me hizo enojar»
El autor cuenta que, hace unos diez años, en una clase de matemáticas, su profesora explicaba de una manera muy complicada, a su entender, las ecuaciones. De ahí parte para señalar una expresión muy común en nuestra cultura: «me hizo enojar», «me hizo sentir mal», «me hizo quedar mal». Cada una pone la causa de lo que sentimos afuera de nosotros.
Ceder el poder al entorno
El problema aparece cuando dependemos tanto de lo externo que cedemos al entorno el poder sobre nuestro estado de ánimo. Todos tenemos el libre albedrío de elegir cómo reaccionar y dejar de hacer responsables a los demás de nuestra felicidad.
El texto incluye una anécdota ocurrida en una junta de ejecutivos de una empresa reconocida, cuando una nota misteriosa le llegó al jefe que exponía, para mostrar cómo una misma situación se vive distinto según la reacción de cada quien.
Lo que queda
Nada en la vida es lo bastante poderoso para hacerte dejar de ser quien eres ni para quitarte tu centro de paz y tu libertad. Y el documento cierra con dos preguntas para ti: ¿qué te hace enojar? y ¿a quién o a qué le das el poder de tus emociones, de tu ser?
Este artículo se basa en el documento original: ¡Me haces enojar!



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