Las ganas de cambiar suelen ser más fuertes al inicio del año, pero el reto es otro: que el cambio siga ahí dentro de unos meses. Henrik Edberg armó una lista de 11 puntos con los problemas más comunes y cómo evitarlos.

Antes de empezar

  1. Elige algo que quieras de verdad. Declarar un propósito con una copa en la mano es fácil. Pregúntate si lo quieres tú o si lo quiere el mundo a tu alrededor. La motivación interna dura más que la presión externa, y para descubrir qué quieres hay que pensar y probar cosas, porque la imagen en tu cabeza puede ser muy distinta de la experiencia real.
  2. Elige un enfoque principal. Un área de la vida por año te permite actuar con fuerza, en lugar de desgastarte al repartirte entre todas.
  3. Encuentra una forma que te quede. Cosas distintas le funcionan a personas distintas. Experimenta hasta dar con lo que encaja con tu personalidad: así desarrollas una constancia relajada.

Cómo plantear la meta

  1. Fija metas grandes, no razonables. Una meta demasiado pequeña no inspira. Edberg triplicó la suya a mitad de año y sintió incomodidad y emoción a la vez; su mente empezó a generar soluciones. Si apuntas a las estrellas y llegas a las copas de los árboles, sigue siendo bastante bueno.
  2. Enfócate en el proceso diario. No te hagas responsable del resultado, hazte responsable de presentarte y hacer el trabajo. El resultado llega de esa acción constante, y estarás más relajado que si te quedas mirando lo que no llega tan rápido como quieres.

Qué pasa cuando se complica

  1. Encuentra cómo superar lo que te hace recaer. Si el estrés te lleva a fumar o la preocupación a comer de más, aprende técnicas de relajación o a reducir tus preocupaciones.
  2. Deja que otros te ayuden. Pregunta a quienes ya lo lograron, cuéntale tus metas a alguien para tener rendición de cuentas y busca a una persona que quiera el mismo cambio.
  3. Usa la pereza a tu favor. Edberg no tiene dulces en casa porque le da flojera ir a la tienda, y hace ejercicio en casa porque le da flojera ir al gimnasio. Las barreras pequeñas e invisibles pesan mucho.
  4. No confundas la homeostasis con «hora de rendirse». Todo sistema busca estabilidad, tú y quienes te rodean. Cuando el entusiasmo baja o los demás reaccionan mal a tu cambio, no es una señal de rendirte: es resistencia al cambio. Saberlo te ayuda a perseverar.
  5. Usa recordatorios en tu entorno. Escribe tus metas y ponlas donde las veas todos los días: el refrigerador, el espejo, tu espacio de trabajo. Edberg usa un pizarrón blanco con letras grandes.
  6. No te castigues cuando tropieces. Habrá días malos. Aprende lo que puedas, vuelve a empezar al día siguiente y sigue. El tiempo pasa hagas lo que hagas: más vale volver a empezar.

Este artículo se basa en el documento original: Cómo lograr que el cambio se quede: la lista de 11 puntos