Es una escena común: llega el momento de pagar, el cliente saca su tarjeta, y el negocio le informa que hay "un cargo extra por usar tarjeta". Algunos dueños de negocio lo hacen por costumbre, otros porque alguien más lo hace y parece normal, y otros simplemente porque nadie les dijo que no se puede. La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) fue clara al respecto: esa práctica es ilegal, y puede salir mucho más cara de lo que parece ahorrar.

Lo que dice la ley, sin rodeos

Según el artículo 7 Bis de la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC), el precio que un negocio exhibe o informa al cliente debe ser el monto final a pagar, sin importar el método de pago. Eso incluye impuestos, comisiones, intereses y cualquier otro cargo adicional. No hay una versión del precio "para efectivo" y otra "para tarjeta": hay un solo precio, y ese es el que se cobra.

La comisión que el banco le cobra al negocio por usar una Terminal Punto de Venta (TPV) es, precisamente, un costo del negocio — no del cliente. Trasladarlo al comprador no es solo una mala práctica, es una violación directa a la ley, aplicable a cualquier tipo de negocio: tiendas, restaurantes, hoteles, centros comerciales, no importa el tamaño.

Por qué muchos negocios lo siguen haciendo de todas formas

En la mayoría de los casos no es mala fe, es que nadie se detuvo a leer el contrato que firmaron con el banco al aceptar la terminal, ni la ley que ya cubre esto desde hace tiempo. Ese mismo contrato, además, suele dejar claro que trasladar la comisión al cliente puede ser motivo de que el banco cancele el servicio de la terminal por completo — es decir, el negocio no solo arriesga una multa de la Profeco, arriesga también perder la forma de cobrar con tarjeta.

Esto conecta con un problema más general: cuando un negocio no tiene claridad sobre lo que realmente le cuesta cada venta —comisión bancaria incluida—, es fácil terminar improvisando cómo compensar ese costo, y esa improvisación es justo lo que termina violando la ley. El mismo problema que hace difícil controlar los gastos de un negocio pequeño es el que hace que una comisión bancaria termine, sin planearlo, en la cuenta del cliente.

Lo que cuesta hacerlo mal

La sanción no es simbólica. Según la Profeco, el incumplimiento se castiga con multas que van de $701 a más de $2.2 millones de pesos, además de una clausura que se levanta solo hasta que el negocio elimine el cargo indebido. Cualquier cliente puede presentar una denuncia por teléfono (55 5568 8722 o 800 468 8722) o en línea a través de Concilianet (concilianet.profeco.gob.mx), y solo necesita el nombre del negocio, su ubicación y una descripción de cómo se le cobró el extra.

Un detalle relacionado que vale la pena conocer: la propina obligatoria tampoco es legal. El artículo 10 de la misma ley prohíbe condicionar un servicio a un pago que el cliente no eligió libremente, con sanciones que también pueden llegar a los 2.2 millones de pesos. Es el mismo principio detrás de ambas reglas: el cliente tiene derecho a saber, de antemano, exactamente cuánto va a pagar.

Cómo evitarlo sin perder margen

La solución no es dejar de aceptar tarjeta, ni resignarse a perder ese porcentaje de comisión bancaria. Es incorporarlo desde el principio al precio que ya se exhibe, en lugar de descubrirlo —y trasladarlo— en el momento del cobro. Eso solo es posible cuando un negocio sabe, con precisión, cuánto le cuesta realmente vender: la mercancía, el tiempo, y sí, también la comisión de la terminal.

Esa es la misma claridad que debería existir desde que se cotiza o se fija un precio, no hasta que llega la hora de cobrar. Un negocio que cotiza con cifras claras desde el principio —margen ya calculado, comisión ya incluida— nunca tiene que improvisar un cargo extra a última hora, porque ese costo ya estaba contemplado desde antes.

Conclusión

Cobrar comisión por tarjeta no es un atajo, es una infracción con sanciones reales, y en el peor de los casos puede costar la relación con el banco que procesa esos pagos. La forma correcta de proteger el margen no es sorprender al cliente en la caja, es tenerlo contemplado desde que se decide el precio. Actualmente existen muchas alternativas en el mercado que ayudan a un negocio pequeño a tener esa claridad de costos desde el primer momento, sin necesidad de improvisar nada al final.

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