Si te comparas, siempre vas a encontrar a alguien por encima de ti. Compras un mejor coche que el del vecino y, a la semana, descubres otro más bonito. Mientras tanto, cómo te sientes depende de lo que tengan los demás.

Henrik Edberg explica que detrás de la comparación casi siempre hay una necesidad de aprobación, y que esa necesidad nos vuelve títeres: otros mueven los hilos.

Propone tres caminos para ganar libertad interior: soltar poco a poco la aprobación (tanto la buena como la mala), dar un paso drástico que te saque de tu zona de confort, y aceptar sin pelear los sentimientos incómodos, observándolos un par de minutos hasta que se disuelvan.

Y una recomendación importante: si recaes, no te castigues; retoma al día siguiente. El texto completo, en español, está en el documento original.

Este artículo se basa en el documento original: Por qué no debes compararte con otros

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