Meditar cinco minutos: primeros pasos

Leticia Mijares

2 min de lectura

  • atención plena
  • meditación
  • principiantes

Meditar no es poner la mente en blanco. Una práctica de cinco minutos, paso a paso, y respuestas a las dificultades más comunes al empezar.

La idea más extendida —y más equivocada— sobre la meditación es que consiste en dejar la mente en blanco. No es así: meditar es entrenar la atención. Notas que te distrajiste y regresas, una y otra vez. Ese regreso es la práctica.

Cómo hacerlo

  1. Elige un momento y un lugar tranquilos. Pon un temporizador de cinco minutos para no pensar en la hora.
  2. Siéntate cómodo, en una silla o en el suelo, con la espalda larga pero sin rigidez. Manos sobre las rodillas o el regazo.
  3. Cierra los ojos o baja la mirada.
  4. Elige un ancla: la sensación de la respiración en las fosas nasales o en el abdomen.
  5. Cuando la mente se vaya (lo hará), nota que te distrajiste, sin regañarte, y vuelve al ancla.
  6. Al terminar, abre los ojos despacio y quédate un momento antes de levantarte.

Una variante útil: contar

Cuenta mentalmente cada exhalación de uno a diez y vuelve a empezar. Si pierdes la cuenta, comienza en uno. Es una forma sencilla de notar cuándo te distraes.

Dificultades frecuentes

  • "Mi mente no se calla": es lo normal. No buscas silencio, buscas notar.
  • "Me duermo": prueba sentarte con más firmeza o meditar con los ojos entreabiertos y en otro horario.
  • "No tengo tiempo": cinco minutos constantes valen más que veinte esporádicos. Anclarlo a un hábito (después del café, antes de dormir) ayuda.

Un apunte importante

Si meditar te remueve emociones muy intensas o recuerdos difíciles, no tienes que forzarlo. Haz sesiones más cortas, con los ojos abiertos, o busca acompañamiento profesional.

Este contenido es informativo y no sustituye la orientación de un profesional de la salud.

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